Category Archives: Macrofotografía

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:: Montaje de la exposición “Cantabria minúscula”

Categories: Cantabria, cantabria minuscula, exposición, fotografía, Gustavo Gutiérrez, Macrofotografía, Santillana

Estos meses anduve algo desconectado en la red. En parte por líos ajenos a la cosa fotográfica, y en parte por la preparación de la exposición “Cantabria minúscula” que finalmente se encuentra abierta al público en la hermosa localidad de Santillana del Mar. Esta exposición, que permanecerá abierta desde el pasado viernes hasta el próximo 18 de septiembre, es ya una realidad gracias a la Obra Social de Caja Cantabria y su personal, a quienes reitero mi agradecimiento por su enorme apoyo durante estos meses, en los que hemos estado mano a mano definiendo y depurando hasta los últimos detalles de la muestra.

El espacio expositivo, además de su inmejorable ubicación, en una localidad muy visitada por el turismo cultural estival, es una maravilla. En las tres plantas del palacio de la entidad en Santillana se han colocado un total de 38 piezas, incluyendo el audiovisual “Inversión de Escala”, en el que hemos estado trabajando mi hermano Diego Gutiérrez (un excepcional profesional que además se ha encargado del diseño, la gráfica y la supervisión ejecutiva de la exposición) y yo durante estos meses. Publicaré alguna entrada sobre esta pieza audiovisual.

Incluiré algunas entradas más acerca del desarrollo de la misma durante los próximos meses, pero, lo más importante: Reanudo las jornadas de captura, así que vuelvo a la carga…
Os dejo un puñado de imágenes relativas al montaje, para que os hagais una idea.

La recepción, desembalaje y distribución de la obra en sala:

La instalación y la gráfica…

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:: Con el macho de Crocothemis erythraea

Categories: Macrofotografía

La pasada semana disfruté de una interesante sesión en el Pozo Tremeo, del que publicaré algo en breve. Además de las orondas Argiope, que con la abundancia de comida del lugar están que revientan a estas alturas de la estación, me entretuve con los odonatos un buen rato. Estuve varias horas en la soledad de este paraje idílico, en la sola compañía de los cantos de los insectos, los ladridos lejanos de los perros, y la bulliciosa visita relámpago de una bandada de golondrinas que se acercaron a beber a la caída de la tarde.

En estas fechas ya andan hiperactivos todos los grandes amantes del calor: Aeshnas y Crocothemis erythraea sobre todo. Aún pululaba alguna pequeña Ischnura, perdida en el nuevo orden estacional de la laguna.

Tenía pendiente encontrarme con estos machos rojos desde hace tiempo, así que me centré en ellos. La iluminación de las imágenes de esta galería es predominantemente artificial, puesto que las imágenes con luz solar adicional no acaban de convencerme, y la luz disponible fue acabándose conforme avanzaba la sesión. En las dos primeras, de todos modos, aproveché la luz disponible para dotar de fondo de color a las imágenes. Por suerte, en los días anteriores alguien había segado el prado húmedo que confina parte de la laguna, de modo que la vegetación de eneas, lirios y juncias era accesible, y colindaba con esta superficie homogénea de verde (es lo que tenemos por aquí, y más este verano fresco y lluvioso).

La segunda foto está realizada en el segundo y pico necesario para emplear la luz del fondo para esos valores de exposición. Esta es la única en la que este macho, ya algo inactivo por el frío de la noche que se aproximaba, no se movió. Además tuve que hacerle sombra con la mano para evitar el reflejo directo del sol en el abultado “hocico”. En las que no lo hice, además de conseguir fantásticos reflejos especulares de lo más incómodo, éstos quedaban expuestos como pequeñas estelas.

La última es un accidente afortunado, en el que, al tratar de rellenar con un flash las hierbas del fondo, este se me coló en el encuadre al redefinir el punto de vista. el resultado, mostrando por transparencia la venación de las alas me pareció interesante, ya que me sugería la luna apareciendo por detrás. Exploré un poco más esta configuración hasta dar con la imagen que os presento.

En las imágenes he limpiado un poco las motas de polvo más visibles, para conservar la atención en lo importante de la imagen. Una de las cuestiones más complicadas ha sido revelar adecuadamente para el intenso color de este ser. En general he tenido que reducir la saturación de los archivos originales, pues al pasarlos a sRGB para subirlos a web, los rojos se desmadraban. Hacía mucho que no tenía esta sensación de falta de control al revelar. Finalmente he llegado a este resultado, que yo veo bastante ajustado a la realidad en mi monitor, aunque para alguien que no conozca el bicho puede parecer excesivamente saturada. Como referencia primera para la temperatura de color he empleado los verdes de los fondos, que suelo recordar con precisión.

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:: Trabajando con Lucanus cervus II

Categories: Macrofotografía

Tras una serie de imágenes en el entorno natural pretendía obtener algunas tomas más limpias con el fin de centrar la atención en el sujeto, sin elementos ambientales que distrajeran lo más mínimo. Para ello opté por emplear un fondo homogéneo, introduciendo a los animales en mi miniestudio portátil. De este modo conseguiría no sólo ese objetivo, sino además una iluminación más consistente y difusa, o mejor dicho, más luces de relleno debidas a los rebotes en las paredes reflectantes del miniestudio, de modo que minimizaría los reflejos de luces duras en la cutícula de los animales. Podéis solicitarme el esquema de configuración de las luces y la corteza de atrezzo a través del formulario de contacto. Algunos de los resultados son estos:

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:: Trabajando con Lucanus cervus I

Categories: Macrofotografía, viajes

Cuando la temporada de emergencia de los imagos del gran ciervo volante ya había sobrepasado su meridiano, me proponía hacer algunas sesiones con esta especie tan espectacular, antes de perder la oportunidad, como en los pasados veranos. A estas alturas había visitado ya algunos enclaves al principio del verano, aunque las salidas habían resultado infructuosas debido a que aún no andaban en esos lugares.


A veces me sorprende cómo funciona la intuición, ya que la tarde del pasado jueves tuve una corazonada -por desgracia esta expresión ha quedado bastante devaluada tras la campaña de Madrid2016-, y me acerqué hasta un lugar conocido con una sensación intensa que resultó ser certera. Antes de llegar al sitio, casi acabando la tarde, ya podía casi ver y oler el ambiente crepuscular entre robles en el que me encontraría momentos después. A la llegada, bajando del coche casi saboreé la sensación de estar en el lugar y momento precisos. Tras revisar algunos de los robles más corpulentos y añosos en las cercanías de la ribera del Pisueña, la luz empezó a ser ya insuficiente como para continuar la búsqueda, de modo que encendí la linterna y me aproximé a un grupo de robles jóvenes de unos 40 años. Allí, al apuntar a uno de los troncos, distinguí ya desde la distancia el cuerpo oscuro de un macho de pequeñas dimensiones. Con la nueva función de flash inalámbrico de la 7D, y un flash esclavo con ventana de luz, además de la ayuda de la linterna para enfocar, hice algunos disparos de prueba para comenzar a trabajar la luz desde lo más sencillo. Opté por el 60 mm macro de Canon, por su versatilidad cuando los sujetos se encuentran en movimiento y hay que disparar a pulso.

En el aire, contra el cielo crepuscular se recortaban algunas siluetas de otros machos que volaban hacia el mismo tronco, con su zumbido ronco. En ese momento volví a experimentar esa sensación primaria y ancestral de estar cara a cara frente al misterio, ante un ser con carácter, con pesada carga simbólica.

No me extraña en absoluto que esta especie haya estado siempre envuelta en un halo místico y alimentado el imaginario popular que le ha regalado innumerables nombres y leyendas en las que se relaciona al macho de este gran escarabajo con hechos formidables, misteriosos y sobrenaturales. El hecho de que aparezcan de la nada en grandes números, su ubicuidad, su aspecto intimidante… Todos ellos son elementos que parecen haber alimentado la gran leyenda del escornabois gallego, la vacaloria asturiana, la bruja cántabra o el ikazkin vasco, una criatura legendaria, admirada y denostada, una pequeña deidad telúrica.

A mi alrededor, prestando atención, en la oscuridad se oía el sonido de algunos pequeños cuerpos cayendo sobre las bardas y hierba. Aquel joven roble era un auténtico centro de gravedad que atraía a numerosos ejemplares, enzarzados en disputas territoriales en las que los perdedores eran expulsados. Todos aquellos machos volvían insistentes a subir por el tronco. En ese ascenso pude encontrar un par de machos midiéndose las fuerzas, con lo que me animé a poner el equipo en funcionamiento.

Para seguir mejorando la iluminación, incorporé nuevos elementos. Elegí usar el flash macro doble con pequeños difusores caseros, que funcionaría como maestro y otros dos flashes esclavos: El 580 ex II con una pequeña ventana de luz, que sería la clave, y un 420 para el relleno de los fondos y contraluces. Además empleé un pequeño recorte de cartón pluma blanco que suelo llevar conmigo para rebotar la luz de este último esclavo sobre los escarabajos.

Acerqué algunas hojas de roble al lugar en el que se encontraban, ante el desdén de los litigantes, que no me hicieron ni caso. El resultado son estas imágenes:

La ubicación del tronco ascendente y las hojas más cercanas no permitía suficiente desenfoque para el fondo, dado que no podía emplear grandes aberturas para estos escarabajos a la distancia de trabajo, con lo que las tomas no acababan de ser limpias, aunque describían muy bien el ambiente. Debido a esto opté por trabajar con mi miniestudio portátil, pero de esto hablaré en el próximo artículo.

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:: Los grandes longicornes

Categories: Macrofotografía, viajes

Aprovechando la escapada pirenaica del verano, decidimos cerrar el viaje con una parada de una noche y un día en Riglos. Aunque nos quedaba un poco a desmano, no podíamos dejar de visitar la belleza monumental de esta maravilla cargada de valor simbólico para los amantes de la montaña. De paso sabíamos que sería posible encontrar en esas fechas las dos grandes especies de longicornes. A nuestra llegada el calor sofocante comenzaba a remitir, y pudimos disfrutar de un atardecer tibio y claro. Ya entre las calles empinadas del pueblo pudimos localizar algunos Cerambyx cerdo que volaban sobre los tejados.

Sabíamos que en cuanto las luces artificiales de la noche se encendieran, algunos grandes escarabajos se acercarían atraídos a ellas, y así fue. En primer lugar apareció el gran Ergates faber. Dado que en principio no contaba en ese preciso lugar con esta especie, aunque en el viaje había tenido alguna intuición, no fue posible encontrar el escenario apropiado. Mi idea era realizar fotografías de estos animales integrados en su entorno, pero no pude encontrar en las cercanías del aparcamiento del pueblo un pino o una corteza en la que ubicar al bicho, así que me tuve que contentar con el “escenario” que había preparado para Cerambyx, una pequeña coscoja, junto a la que coloqué el flash con ventana de luz, que funcionaría como luz principal en modo esclavo, permitiéndome modelar hasta cierto punto las sombras al mover el trípode. De modo que en esta misma ubicación hice la sesión para estos dos impresionantes escarabajos.

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:: En busca del acercamiento a Parnassius apollo

Categories: Macrofotografía, viajes

Llevaba años intentando una aproximación suficiente a la apolo como para lograr fotografiar la configuración de sus escamas y la textura de sus alas. Tras parar a dormir en Panticosa (que por cierto, el entorno está hecho un cristo, muy diferente del recuerdo que guardaba de este lugar) Por la mañana pudimos ver numerosos ejemplares que sobrevolaban las manchas de viborera en las que se alimentaban las macaón, pero, a pesar de que amagaban, no acababan de posarse. No sabía dónde se estaban alimentando y la razón por la que no se alimentaban en aquel vergel, hasta que finalmente di con la clave. Las áreas de alimentación y las de apareamiento estaban muy cerca, por lo que esperé el momento de encontralas en plena faena, aunque no estaba convencido de poder acercarme lo suficiente sin molestar a estas hermosuras y perjudicarlas. de las varias parejas que encontré, algunas mostraron rápidamente su desagrado enseñándome los ocelos de sus alas, abriéndolas ampliamente. Ese signo tan conspícuo fue el límite que me autoimpuse para acercarme. Finalmente pude aproximarme a una pareja lo suficientemente tolerante, y aquí presento el resultado.